sábado, 14 de septiembre de 2013

MANTEQUILLA DE CACAHUETE

Nunca he tenido problemas con el "imperialismo norteamericano", soy de una generación que no traía resquemores pasados ni tampoco superioridades.
Me he criado con su cine, su música y sus series de televisión. Sin problemas. Lo mismo aprendíamos que había un barrio que se llamaba Bel Air que era de ricos y famosos, que queríamos ser alumnos de Top Gun. Confiábamos en que existieran grupos en paralelo a la justicia con coches que hablaban o locos al volante de furgonetas negras con una raya roja.
Conforme se va creciendo y se deja de vivir pensando que en California todas las mujeres son espectaculares o que todo el mundo se enamora en Nueva York, se puede ir variando la opinión, sin duda, pero creo que en rasgos generales, la mayoría no deja de tener un conocimiento audiovisual y una indiferencia pasiva, salvo cuando suceden grandes eventos como la gala de los Oscars, la Super Bowl o alguna tragedia.
Las generaciones más jóvenes están asumiendo que USA suele ser el dueño de la red, de los video juegos, del cine y de la música. Han interiorizado como propio muchos de los roles, comidas y costumbres norteamericanas que jamás se han dado aquí. Y muchos padres han sucumbido con ellos.
Empezamos celebrando Halloween, entre otras cosas supongo que porque la gente ya no se entierra en los cementerios, el cambio a la cremación y a esparcir las cenizas ha llevado a que ese festivo quede para muchos en un impasse. Mis hijas ha llegado a celebrar en el colegio Acción de Gracias, que a mi personalmente me parece una fiesta bonita, ya decía desde hace mucho tiempo el refranero castellano, que es de bien nacido ser agradecido.
Pero vamos a más, mi hija mayor antes de pasar al Instituto ha hecho una fiesta -a petición de un gran conjunto de padres-  de graduación de primaria a lo yankie, en el gimnasio, con música y padres vigilantes, sin reina del baile ni ramillete, a Dios gracias. Una especie de remake, sin ponche y con tortilla de patatas.
Se que muchos de nuestros hijos darían algo por tener una taquilla en los pasillos del instituto y por disfrutar de aquellos laboratorios, o pertenecer al equipo de animadoras o de baloncesto, incluso montar grandes obras con los talleres de teatro, Shakespeare incluido. De esto también hizo mi hija. En fin, lo que sale en las películas americanas.
Pero como decía va más allá, ya hay en España bodas temáticas, damas de honor en el cortejo de las novias, despedidas de solteros (ni pensar quiero en EuroVegas y su vertiente festivalera) en limousina rosa o de Hammer.... etc
Estaría bien que ya que estamos copiando tanto, que remedáramos el sentido de comunidad, de respeto a los símbolos, de orgullo de su nación, de su bandera o de su ejército. No estaría mal que valoráramos que ellos siempre apuestan por los mejores, ya sea en investigación científica o médica, o en lo social. Que defienden la cultura del esfuerzo y mucho menos las de las subvenciones.
Y sería redondo si puestos a imitar, imitáramos que los partidos políticos se auto financian, y que cada uno de los congresistas emite su voto, sin disciplina de partido. 

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