lunes, 16 de septiembre de 2013

CURRICULUM VACÍO

Siempre había mirado con cierta lástima esa mujer que se sienta sola en una mesa de la cafetería y se abstrae en el movimiento de la cucharilla. No es la mujer atareada, ocupada en mil menesteres que le hacen entrever una vida llena de emociones y personas. Esa mujer que hace tiempo en el calor del café servido para no llegar a la soledad de su casa.
Durante una época de su vida fue incapaz de comprender que alguien fuera solo al cine, sin más compañía que un paquete de palomitas o una estilizada botella de agua.
Se acostumbró a que sus pasos siempre tuvieran el eco de otros a su lado, y hasta cuando caminaba sola a alguna tarea, se sentía acompañada pues el camino siempre le llevaba de vuelta a un hogar.
Había cerrado puertas para abrir ventanas y guardado en el último cajón de la cómoda sus preferencias y necesidades para priorizar las de los demás, sin dramas, con la naturalidad que se guarda la ropa de invierno cuando suben las temperaturas.
Y un día se dió cuenta que no tenía donde ir, si las cosas cambiaban, si el suelo firme que con dedicación limpiaba se le hundía, no tenía capacidad de reacción.
¿Dónde podría ir sin más curriculum que manos dedicadas a la limpieza del hogar, las caricias para los hijos, y sin más puntos que los que le dieron en el centro de salud el día que se le estalló la sopera de la vajilla buena?¿Cómo enfrentarse al mundo real si ella se acostumbró a vivir arrimando el hombro en la vida de los suyos?
Cuando el punto de vista de una mujer solo puede ser el techo de la habitación donde duerme en las noches en vela, se pierde mucha perspectiva.
Había vivido feliz en la inconsciencia de la lucha diaria y nunca se había planteado nada más, pero hoy había sido capaz de comprender que aunque siempre había creído que era un pilar fuerte, el centro de un todo, en realidad era quien más tenía que perder. 

5 comentarios:

  1. Cuantas mujeres viven así, cuando se quedan solas por que los hijos se fueron a su casa, por separación o viudedad, su vida se reduce a nada. Están perdidas. Muy bien reflejado Rocio.

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  2. Muchas Macu, Rocío, muchas, demasiadas. Las he tenido cerca en mi entorno familiar y me dan pena, porque parece que se olvidaron de que antes de crear una familia tenían una vida y ya no son capaces de recuperarla.
    Yo me siento libre, ¡mas que nunca!.

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  3. Muchas Macu, Rocío, muchas, demasiadas. Las he tenido cerca en mi entorno familiar y me dan pena, porque parece que se olvidaron de que antes de crear una familia tenían una vida y ya no son capaces de recuperarla.
    Yo me siento libre, ¡mas que nunca!.

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  4. No sé. Hay quien ha compatibilizado y le llegó su jubilación... horizontes que al menguar las facultades -sí, menguan- y las fuerzas también disminuyen. Y también esos hombres que trabajaban a tope, con tantas relaciones y, de repente, o poco a poco, ya nadie es tan imprescindible; solo el hogar y otro hombro aporta seguridad.
    Difícil la obsolescencia si se ha vivido entrelazado con otras almas en las labores del tipo que sean.

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  5. La sociedad paga mal a esas madres y esposas sacrificadas. Ellas que lo dan todo se encuentran al final de la carrera en los últimos puestos. No por no haber corrido que lo hacen más que las que ganan, pero por haberse parado cada tantos metros para dar de comer al niño o lavar la ropa al marido. Y ellas, las que han ganado por no detenerse nunca, encima las miran con desdeño. Injusta repartición de premios de una sociedad que olvida a las madres y esposas para aplaudir el éxito de las que hacen carrera.
    Ya van seis.
    Un saludo

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