martes, 10 de septiembre de 2013

EMPEZANDO

Ya no se hacían los días como los de antes.
Días en los que amanecía con el olor del desayuno y el chocar de la loza y anochecía con el calor del sol aún en la piel.
Esos días en los que las horas duraban más y la siesta de los mayores era el refugio de la imaginación, la maquinación de faraónicos juegos y la espera a que la digestión se hiciera.
Ya no formaba parte de su cuerpo el salitre, la arena que ni en la ducha se había despegado de sus pies, ni el cansancio de la batalla de bolas de arena.
Habían llegado pronto los uniformes a los centros comerciales, y sufrió un horror cuando su madre, previsora, se empeñaba en meter sus pies, acostumbrados a la libertad de una sandalia, en unos coartadores calcetines para comprar unos zapatos cerrados que le angustiaban y le apretaban hasta en la caja. ¡Hasta tuvo que probarse un jersey de manga larga!
Las libretas ya tenían su nombre, y aunque este año no estrenaba ni estuche ni mochila, su madre la había dejado limpia y reluciente, parecía casi nueva. Ya estaba todo preparado y vivió el momento de la desavenencia personal con ella misma; por un lado le aterraba pensar en los madrugones, las largas horas sentada, los deberes para casa... y por otro se sentía contenta de volver a ver a sus compañeros y hasta a sus profesores, pero...¡con lo bien que estaba ella a su ritmo de playa, lectura y juegos!
Tumbada en la cama notó algo parecido a los nervios, al miedo, a la añoranza...mañana vuelta al colegio, ya no había vuelta atrás, sabía que lo pasaría bien, en el fondo le gustaba, sólo es que a veces, costaba empezar.

1 comentario:

  1. A veces en la sencillez de los relatos está la esencia de lo hermoso.
    Te felicito, es precioso Rocío!!

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