Allí estaba ella.
Sentada al final de un suspiro había días en los que la felicidad se le ponía un poco más de perfil. No era cuestión de grandes desgracias ni de enfermedades graves, solo era que el día se convertía en un inmenso lago azul sin salvavidas ni remo.
Consiente de que todos los días salía el sol, incluso detrás de las grises y apáticas nubes, intentaba no dejarse caer y solventar de alguna manera la rutina para obviar las tentaciones de naufragar. Las mecánicas tareas aprendidas, el paso de las horas contadas una a una, cumplir con escrupulosidad con todo lo que se esperaba que hiciera, no era más que la forma de huir de esa otra realidad sorprendente. No eran sorpresas agradables, ni risas y diversión, mas bien todo lo contrario, eran pequeños detalles de los que conformaban una vida en el fondo estéril.
Incapaz de tomar decisiones que le fracturaran la vida, o la cadera, las pocas veces en la que arriesgó su capital económico o sentimental no le fue bien, y ahora todos los matices de su vida se habían convertido en una falsa balsa de aceite. Alguien sin pasión y sin riesgos, sin emoción en su hoy, sin anhelo para mañana, porque aunque ya había pasado suficiente tiempo, varios meses, incluso años, al evitar mirar a la cara al dolor y enfrentarse a los errores, asumir culpas y desechar las que no le correspondían, al no haber repasado qué pasó para que no salieran las cosas bien, no había conseguido cicatrizar esas caídas y por tanto, no había aprendido nada de ese doloroso traspiés. Sólo decidió huir y sobrevolar su existencia.
Así que finalmente su vida era un suspiro, una queja muda, un horizonte con boceto de cadalso, y aunque no debía ser así, se sentía desdichada. Se le pasaba la vida en la cobardía de no enfrentarse a la realidad, la vida no era rosa por mucho que dijera la canción, los malos momentos se compensaban cuando llegaban los buenos y en las pequeñas cosas estaban las armas para ser feliz.
Quizás no lo entendiera nunca, puede que lo hiciese ya cuando fuera algo tarde, pero desde la cobardía nunca nadie llegó a sentirse viva.
viernes, 3 de enero de 2014
jueves, 2 de enero de 2014
POR ESTRENAR
Me gustan las cosas por estrenar, rasgar envoltorios, abrir botes -aunque sean engañosos "abre-fácil"-, oler los libros nuevos y despegar con cuidado las hojas de las libretas prensadas, los lápices a los que aun no se les ha sacado punta y cortar etiquetas. Seguramente será por eso que prefiero los amaneceres, los platos nuevos y las personas por conocer.
Prefiero el primer día de vacaciones, la primera mirada o la primera sonrisa, los caminos que no conozco y las botellas por abrir. Soy partidaria de creer que los besos cuando se dan se estrenan y que nunca un abrazo es la continuación de otro. Cada café es una experiencia distinta y aunque sea la amiga de la infancia y el bar de siempre, ese momento es tan único que se vuelve novedoso.
Adoro la virginidad de la arena de la playa antes de las avalanchas de humanos, las flores que se están abriendo y las pizarras impolutas. Las sábanas limpias y planchadas como de estreno y los zapatos si deformar por el uso.
Y me apasionan todas esas cosas para volverlas mías, y disfrutar del sonido de un bote al abrirse, de la primera luz de la mañana, de mis huellas en la orilla del mar. Escribir una primera página con un lápiz sin memoria, dar besos sin rutina al llegar el amanecer. Vivir cada momento como si fuera una aventura y si algo sale mal, sorprenderme de mis lágrimas como si nunca hubiera llorado.
El cambio de año trae doce meses por estrenar, muchos amaneceres que me dan el regalo de disfrutar de un día nuevo, en el que poder hacer muchas cosas que sepan a primera vez. Algunas me saldrán y otras no, pueden ser grandes tareas o pequeñas cosas, pero no hay duda que hasta los fracasos, las dudas y los malos momentos también se dan por primera vez.
De hecho, creo que si no fuera porque todo en sí es novedoso aprenderíamos de los errores, y si no lo hacemos y nos equivocamos una y mil veces no es más que por la consecuencia lógica de que en el fondo nada es igual.
Por si acaso intentaré estrenar mi mejor sonrisa a diario, enfrentarme a las páginas en blanco con la ilusión de hace tantísimo tiempo cuando escribí con letra deforme e infantil (muy infantil) mi primer cuento y dejar que cada momento sea sorprendente y nuevo.
Prefiero el primer día de vacaciones, la primera mirada o la primera sonrisa, los caminos que no conozco y las botellas por abrir. Soy partidaria de creer que los besos cuando se dan se estrenan y que nunca un abrazo es la continuación de otro. Cada café es una experiencia distinta y aunque sea la amiga de la infancia y el bar de siempre, ese momento es tan único que se vuelve novedoso.
Adoro la virginidad de la arena de la playa antes de las avalanchas de humanos, las flores que se están abriendo y las pizarras impolutas. Las sábanas limpias y planchadas como de estreno y los zapatos si deformar por el uso.
Y me apasionan todas esas cosas para volverlas mías, y disfrutar del sonido de un bote al abrirse, de la primera luz de la mañana, de mis huellas en la orilla del mar. Escribir una primera página con un lápiz sin memoria, dar besos sin rutina al llegar el amanecer. Vivir cada momento como si fuera una aventura y si algo sale mal, sorprenderme de mis lágrimas como si nunca hubiera llorado.
El cambio de año trae doce meses por estrenar, muchos amaneceres que me dan el regalo de disfrutar de un día nuevo, en el que poder hacer muchas cosas que sepan a primera vez. Algunas me saldrán y otras no, pueden ser grandes tareas o pequeñas cosas, pero no hay duda que hasta los fracasos, las dudas y los malos momentos también se dan por primera vez.
De hecho, creo que si no fuera porque todo en sí es novedoso aprenderíamos de los errores, y si no lo hacemos y nos equivocamos una y mil veces no es más que por la consecuencia lógica de que en el fondo nada es igual.
Por si acaso intentaré estrenar mi mejor sonrisa a diario, enfrentarme a las páginas en blanco con la ilusión de hace tantísimo tiempo cuando escribí con letra deforme e infantil (muy infantil) mi primer cuento y dejar que cada momento sea sorprendente y nuevo.
martes, 31 de diciembre de 2013
SIN BALANCE
Ningunas ganas tengo de hacer resumen del año. Pararme a pensar mes por mes, día a día cómo me fue es algo descorazonador. Si en un sólo día se pasan por todo tipo de momentos, cualquiera hace resumen de 365 días... Creo que me niego y no lo voy a hacer.
Seguro que si lo hago hoy me sale un balance un poco triste y algo negativo, no mucho, pero sería incierto porque también he tenido momentos muy buenos, situaciones muy felices, días que recordaré con cariño y emoción toda mi vida. Sería injusto si pensara que en total ha sido el 2013 un mal año.
Aún así como soy persona de mirar más adelante que hacia detrás, prefiero lamerme poco las heridas, dejar "el pasado en lo atrasado" -que dicen en el Rey León- y darle todas las oportunidades al año que está por venir, que le quedan horas.
No tiene que ser un mal año, aunque a mi los números pares no me gusten nada, traerá momentos fantásticos y días horribles. Puede que algunos vuelvan a sonreír y otros lloren. Unos morirán y otros nacerán. A cada noche le seguirá un amanecer y siempre habrá una salida y una esperanza.
Es noche en la que algunos salen, sobre todo es especial para los mas jóvenes que lucen las mejores galas, los chavales sacan el traje de chaqueta y ellas se llenan de dorados y brillos. Reconozco que no es como antes -o eso me parece- cuando no salíamos ni tanto ni hasta tan tarde, y esa noche había manga ancha para llegar al amanecer o con los churros para todos. Era la noche en la que al salir del recinto donde estabas con la música aún retumbándote en los oídos, el muchacho de turno, para que no pasaras frío, se quitaba la chaqueta y te la daba...¡Qué momento ese! Las andaluzas lo vivimos también volviendo de la Feria...
Esas doce campanadas que son el momento de ponernos todos de acuerdo, menos los canarios, y nos tomamos las uvas en familia o en los puestos de trabajo, que los hay que están de guardia, no tenemos que olvidarlos. Pero es entonces cuando todos -pero todos- esperamos que el año que estrenamos sea EL AÑO, ese que nos cambiará la vida y nos dará todas las oportunidades, en el que los sueños se nos cumplen, y la salud no nos abandone.
Yo no me he hecho propósitos, me conformo con terminar las cosas que tengo pendientes y que sea el año nuevo el que me sorprenda. Pero si vosotros os los habéis hecho...que se cumplan y sobre todo... FELIZ AÑO NUEVO
Seguro que si lo hago hoy me sale un balance un poco triste y algo negativo, no mucho, pero sería incierto porque también he tenido momentos muy buenos, situaciones muy felices, días que recordaré con cariño y emoción toda mi vida. Sería injusto si pensara que en total ha sido el 2013 un mal año.
Aún así como soy persona de mirar más adelante que hacia detrás, prefiero lamerme poco las heridas, dejar "el pasado en lo atrasado" -que dicen en el Rey León- y darle todas las oportunidades al año que está por venir, que le quedan horas.
No tiene que ser un mal año, aunque a mi los números pares no me gusten nada, traerá momentos fantásticos y días horribles. Puede que algunos vuelvan a sonreír y otros lloren. Unos morirán y otros nacerán. A cada noche le seguirá un amanecer y siempre habrá una salida y una esperanza.
Es noche en la que algunos salen, sobre todo es especial para los mas jóvenes que lucen las mejores galas, los chavales sacan el traje de chaqueta y ellas se llenan de dorados y brillos. Reconozco que no es como antes -o eso me parece- cuando no salíamos ni tanto ni hasta tan tarde, y esa noche había manga ancha para llegar al amanecer o con los churros para todos. Era la noche en la que al salir del recinto donde estabas con la música aún retumbándote en los oídos, el muchacho de turno, para que no pasaras frío, se quitaba la chaqueta y te la daba...¡Qué momento ese! Las andaluzas lo vivimos también volviendo de la Feria...
Esas doce campanadas que son el momento de ponernos todos de acuerdo, menos los canarios, y nos tomamos las uvas en familia o en los puestos de trabajo, que los hay que están de guardia, no tenemos que olvidarlos. Pero es entonces cuando todos -pero todos- esperamos que el año que estrenamos sea EL AÑO, ese que nos cambiará la vida y nos dará todas las oportunidades, en el que los sueños se nos cumplen, y la salud no nos abandone.
Yo no me he hecho propósitos, me conformo con terminar las cosas que tengo pendientes y que sea el año nuevo el que me sorprenda. Pero si vosotros os los habéis hecho...que se cumplan y sobre todo... FELIZ AÑO NUEVO
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