Suspiró hondo, parpadeó despacio y dejó de mirar a un punto fijo sin más. Ni sabía cual era, tampoco acertaba a saber el tiempo que había pasado abstraída, ausente y fuera del mundo. Lejana su mente había vagado por los sinuosos renglones del libro que tenía en su regazo, sentada cómoda y a la vez en el equilibrio del punto y coma.
Jamás subrayó un libro, pero nunca los olvidó y algunos los leyó con tal deseo que la primera línea de cada página se unía en un baile vertiginoso con la última, deseosa de saber y de vivir la realidad imaginada de hojas encuadernadas. Tal era el ansia que, en ocasiones, tenía que volver a leerlo para saborearlo, paladeando lo que antes le supuso la agonía de saber.
Sin embargo, en esta ocasión cada frase era un poema, una metáfora oculta en un requiebro, y leer solo un párrafo implicaba parar a tomar el aire que se había dejado suspenso en el pecho por la emoción que se filtraba. Esa emoción, que era insistente, laceraba el alma al mismo tiempo que la curaba, una herida de sal, besos y limón.
Libros había muchos, escritores pocos. Se había banalizado tanto el papel, que el couché se transformó en literario y la literatura acabó arrinconada y aterida, asustada y solitaria. Pero unos pocos de escritores y lectores, seguían disfrutando de la lectura lenta y profunda, esa que mueve los cimientos más íntimos y que provoca una sonrisa, una lágrima o ambas a la vez cobijadas por un escalofrío, algo parecido al placer de la tristeza, al dolor en la alegría.
Se asombraba del milagro de la palabra perfecta, de como las pausas atenuaban el dolor o provocaban la magia, le impresionaba hasta que punto una descripción se visualizaba con tal facilidad que podrías reconocer a esa persona, ese paisaje y de que manera los diálogos fluían tal y como lo soñaste antes de suceder.
Bajó la cabeza al inerte trozo de vida que descansaba en sus piernas, su libro, su compañía y a la vez su ventana a sentir historias ajenas que las volvía suyas, sentimientos propios reconocidos en la piel de otro.
Un escape, una diversión. Un libro.
lunes, 7 de octubre de 2013
domingo, 6 de octubre de 2013
TERCER PLATO DE DESPEDIDA A LA FRANCESA
Dice una web que la expresión "despedirse a la francesa" es una adaptación de la despedida "sans adieu" que se estilaba en la Francia del siglo XVIII y que mientras allí se consideraba durante esta época un rasgo de imprescindible buena educación entre la alta sociedad del momento, aquí además de la traducción libre, le cambiamos el sentido y se considera una descortesía despedirse sin decir adiós.
A mi siempre me ha sorprendido cuando en alguna película alguien se va, con portazo o no, diciendo una gran frase pero sin despedirse... Yo estoy segura que soltaría con contundencia la ráfaga de palabras y después diría por lo menos un Adios. Y si me pusiera teatral, un "hasta nunca" o algo así. Lo del portazo tampoco tengo muy claro que lo diera, que no me gustan.
Todo esto viene a cuentas del whastapp, o cualquier tipo de comunicación en redes sociales o aplicaciones telefónicas. Hay personas que dejan un mensaje, bien. Y hay quien deja una conversación suspendida en el aire...quizás luego vuelvan a la media hora, o quizás no, pero yo (que debo ser tonta) me quedo esperando respuesta y la doy lo más rápido que puedo porque me parece que la cortesía manda...
A mi esto de que te dejen con la palabra en las manos me resulta un poco desagradable, ya no es que te sientas segundo plato, porque puedes entender que a la vez que se conversa se están haciendo otras cosas, pero es que ya pasa como a tercera división B. Un poco tipo "cuando no tengo nada que hacer y me aburro como una ostra, miro el móvil y me acuerdo que dejé aquí en medio una conversación"
Que puede ser que yo sea una antigua, que no me adapte bien a las cosas o que incluso al final por ir contra corriente quede como pesada...que todo puede pasar, pero yo nunca dejé una conversación pendiente ni un "luego hablamos" se estiró más de un "ahora". La verdad es que no lo puedo remediar...debe ser que lo mío siempre ha sido más british que franchute.
A mi siempre me ha sorprendido cuando en alguna película alguien se va, con portazo o no, diciendo una gran frase pero sin despedirse... Yo estoy segura que soltaría con contundencia la ráfaga de palabras y después diría por lo menos un Adios. Y si me pusiera teatral, un "hasta nunca" o algo así. Lo del portazo tampoco tengo muy claro que lo diera, que no me gustan.
Todo esto viene a cuentas del whastapp, o cualquier tipo de comunicación en redes sociales o aplicaciones telefónicas. Hay personas que dejan un mensaje, bien. Y hay quien deja una conversación suspendida en el aire...quizás luego vuelvan a la media hora, o quizás no, pero yo (que debo ser tonta) me quedo esperando respuesta y la doy lo más rápido que puedo porque me parece que la cortesía manda...
A mi esto de que te dejen con la palabra en las manos me resulta un poco desagradable, ya no es que te sientas segundo plato, porque puedes entender que a la vez que se conversa se están haciendo otras cosas, pero es que ya pasa como a tercera división B. Un poco tipo "cuando no tengo nada que hacer y me aburro como una ostra, miro el móvil y me acuerdo que dejé aquí en medio una conversación"
Que puede ser que yo sea una antigua, que no me adapte bien a las cosas o que incluso al final por ir contra corriente quede como pesada...que todo puede pasar, pero yo nunca dejé una conversación pendiente ni un "luego hablamos" se estiró más de un "ahora". La verdad es que no lo puedo remediar...debe ser que lo mío siempre ha sido más british que franchute.
viernes, 4 de octubre de 2013
VERGOGNA
Hoy todos los periódicos abren con esa palabra dicha por su Santidad el Papa Francisco. Y no sólo lo dice él, lo pensamos muchos, y si además has vivido en otro punto de entrada de inmigración masiva...más "vergogna" (vergüenza) te da. A la vez, comprendo y respeto a las fuerzas de seguridad que realizan su trabajo lo mejor que pueden y de la manera más noble, así como las onegés que se dedican a socorrerlos. Es de los temas más complicados que hay.
Complicado si eres adulto.
Mi hija pequeña, tiene ocho años, un día a la hora de comer, viendo un asalto masivo a la valla de Melilla en el informativo me preguntaba extrañada por qué estas personas tenían que entrar saltando, si había alguna avalancha o les perseguía alguien, al contestarle que no había ninguna avalancha y más o menos explicarle que era lo que estaba sucediendo, me miró con los ojos inmensos y me dijo...."¿Y por qué no les abren la puerta? Son personas" Yo me callé.
Ella, que ya ha nacido en un mundo globalizado, piensa que las fronteras son algo folclórico, algo que sólo sirve para cambiarte el idioma, la referencia del DNI y el peinado. Algo parecido a la calle donde vives, un elemento burocrático para encontrarte con facilidad, para que sepas donde estás...pero creo que las coordenadas de un GPS a mi hija le valdrían como concepto identitario.
Mi hija es ciudadana del mundo, pero porque no hay otros mundos descubiertos que si se diera el caso, ella sería ciudadana de una galaxia, y tan tranquila. No es que haya tenido una educación centrada en este tema, ni tampoco en contra, claro. Te cuenta que tiene una amiga que nació en Perú, como que tiene otra que nació en Madrid, o en el pueblo de al lado, sin mayor significación que una comida distinta y con suerte animales exóticos....no entiende de nacionalidades excluyentes ni de ciudadanos de primera y segunda. "Son personas, mami"
Y se le explica, pero no hay manera de que lo entienda, no es torpe, es que el concepto le parece ridículo.
Tiene claro que hay personas que sufren, que tiene más oportunidades que otras, sabe que la realidad es dura para las personas...en general...aquí en nuestra ciudad, y fuera de ella, pero ni siquiera se fija en el color de la piel...eso sí, te puede decir perfectamente cómo va vestida y peinada. Que es una fashion victim.
Hasta tal punto llega su interiorización del mundo global, que si le preguntas qué quiere ser de mayor, te dice que inspectora de policía en Nueva York, diseñadora en Roma, o cuidadora de cebras en Kenia...sin dramas de emigración, ¡porque para ella no existe ese concepto!! Es fantástico.
Yo no le voy a dejar ver las imágenes de Lampredusa, se que le darían vergüenza y le ocasionarían muchísimo dolor que como madre le voy a evitar, porque concienciada está. Son personas, es así, y no hay más.
Complicado si eres adulto.
Mi hija pequeña, tiene ocho años, un día a la hora de comer, viendo un asalto masivo a la valla de Melilla en el informativo me preguntaba extrañada por qué estas personas tenían que entrar saltando, si había alguna avalancha o les perseguía alguien, al contestarle que no había ninguna avalancha y más o menos explicarle que era lo que estaba sucediendo, me miró con los ojos inmensos y me dijo...."¿Y por qué no les abren la puerta? Son personas" Yo me callé.
Ella, que ya ha nacido en un mundo globalizado, piensa que las fronteras son algo folclórico, algo que sólo sirve para cambiarte el idioma, la referencia del DNI y el peinado. Algo parecido a la calle donde vives, un elemento burocrático para encontrarte con facilidad, para que sepas donde estás...pero creo que las coordenadas de un GPS a mi hija le valdrían como concepto identitario.
Mi hija es ciudadana del mundo, pero porque no hay otros mundos descubiertos que si se diera el caso, ella sería ciudadana de una galaxia, y tan tranquila. No es que haya tenido una educación centrada en este tema, ni tampoco en contra, claro. Te cuenta que tiene una amiga que nació en Perú, como que tiene otra que nació en Madrid, o en el pueblo de al lado, sin mayor significación que una comida distinta y con suerte animales exóticos....no entiende de nacionalidades excluyentes ni de ciudadanos de primera y segunda. "Son personas, mami"
Y se le explica, pero no hay manera de que lo entienda, no es torpe, es que el concepto le parece ridículo.
Tiene claro que hay personas que sufren, que tiene más oportunidades que otras, sabe que la realidad es dura para las personas...en general...aquí en nuestra ciudad, y fuera de ella, pero ni siquiera se fija en el color de la piel...eso sí, te puede decir perfectamente cómo va vestida y peinada. Que es una fashion victim.
Hasta tal punto llega su interiorización del mundo global, que si le preguntas qué quiere ser de mayor, te dice que inspectora de policía en Nueva York, diseñadora en Roma, o cuidadora de cebras en Kenia...sin dramas de emigración, ¡porque para ella no existe ese concepto!! Es fantástico.
Yo no le voy a dejar ver las imágenes de Lampredusa, se que le darían vergüenza y le ocasionarían muchísimo dolor que como madre le voy a evitar, porque concienciada está. Son personas, es así, y no hay más.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)