viernes, 26 de octubre de 2012

REPARTO DE CULPAS

De las cosas que más le agradezco a mi madre que me enseñara y que más interés pongo en inculcarle a mis hijas es que somos responsables de nuestros actos. Y que nuestros actos tienen consecuencias, de las que lógicamente también somos responsables.
Es cierto, y más a ciertas edades, que es cómodo y casi instintivo, intentar colocarle la culpa de nuestro desacierto a cualquiera que tengamos a mano con tal de no reconocer el error o de no aceptar las consecuencias.
El pueblo español, tan soberano, ha aprendido e interiorizado una frase que dicen los niños pequeños cuando juegan: "pío pío que yo no he sío" Y tan campantes. Siempre se busca una cabeza de turco para que sufra lo que nos toca padecer en primera persona debido a una mala elección nuestra. Y en el caso de que hubiera alguien responsable de nuestro bando, nuestra familia o nuestra ideología política...se le responsabiliza al contrario...que la moral no estorba en estos casos, por lo visto.
Pero esta vez yo quería rozar la actualidad aunque fuera de manera tangencial. Leo y releo por noticias, blogs, redes sociales, y escucho en conversaciones a pie de calle como una y otra vez se culpa a la sociedad, a los tiempos pasados, a la religión, al que dirán...y la verdad, me fastidia.
Si algo somos es libres, por encima de todo, libres para elegir y libres para decidir, libres para equivocarnos y para tomar decisiones. ¡Ya está bien de culpar a cosas intangibles de nuestros propios errores!
El día a día está lleno de elecciones, de caminos, de decisiones en las que con absoluta libertad decidimos qué y cómo hacer. Pero si nos equivocamos...la culpa no puede ser siempre de otros: del banco, de "las junteras", de la guerra civil, de lo que digan los demás, de la Iglesia (que la mayoría no pisan desde su primera y única Comunión), o del profesor que me tiene manía, por poner unos ejemplos.
Nos hemos instalado en la comodidad, en el que vengan y me lo arreglen, en el que me den una subvención, en el que me merezco una paga...y a la vista está que el resultado no ha sido bueno.
Son tiempos difíciles si, pero todos tenemos mucha responsabilidad de lo que sucede y también tenemos mucha culpa de que las cosas no se arreglen. Seamos sinceros, hagamos autocrítica...que es eso que le exigimos a los demás pero que difícilmente hacemos. Y por favor...dejemos de ser generosos de lo ajeno...a veces especulamos con lo que nos tiene que dar, lo que merecemos recibir, lo que los demás tienen que regalar...y nosotros no damos ni las gracias.

 


miércoles, 24 de octubre de 2012

CON EPÍLOGO

Acurrucada en su abrigo caminaba entre la lluvia de las calles, miraba todos esos escaparates llenos de luces que le invitaban más a pararse delante de ellos que a entrar a comprar. Una vez dentro de la tienda, al mirar hacia atrás, lo que nos había parecido casi mágico no era más que atrezzo y lo que nos dejó perplejos y sonrientes, medio helados entre adoquines resbaladizos, no era más que cartón piedra y purpurina.
Siguió su paseo meditando un buen regalo, era este su momento favorito, pero no era fácil: algo que no fuera demasiado caro, que demostrara conocimiento de la otra persona, tolerancia a sus gustos, respeto por sus pasiones...y a la vez que le gustara a ella. Algo elegante y sutil. Para completar el regalo buscaría una frase para una simple tarjeta, nada de mensajes pre-escritos ni dibujos grotescos. Escribiría algo corto, pocas palabras y mucho por sobreentender.
Tuvo una idea, quien la observaba en ese momento se dio cuenta que sonreía. ¡Ya lo tenía! Lo complicado es que no sabía absolutamente nada de ese tema. Tendría que buscar información, pedir ayuda. Se documentó mientras tomaba un café, -bendito wi-fi-, y con el calor de la taza aun en sus labios volvió a la calle con prisa y su pequeña nota de papel donde había anotado explícitamente lo que tenía que pedir. La llevaba en el bolsillo, arrugándose tal vez, pero apretada como si así pudiera librarse de que se le escapara la gran idea. Había buscado el local ideal para comprar, estaba cerca de donde ella se encontraba y lo enviaban a domicilio...necesitaba la frase...para la tarjeta. Entonces comenzó a relentizar el paso buscando las palabras y...sucedió, lo imaginó y supo lo que querría decirle si lo tuviera enfrente mientras le daba el regalo.
El tintineo de la puerta al abrirse le descubrió ese mundo del que aún no sabía nada pero en el que acababa de introducirse. Pese a su decisión se dejaría asesorar, no querría equivocarse. Sólo había otro cliente, la atendían con mucha profesionalidad y entrega, tenían una charla cordial y comercial mientras  envolvían un regalo del que, por más que intentó ver, no fue capaz de descifrar.
Esperó, aspiró el olor a serrin con el que antiguamente las pequeñas tiendas recibían a los compradores los días de lluvia...¡hacía tanto de aquello! Ahora se daba cuenta de cómo le gustaban esos pequeños comercios, ¿porqué no iba má a menudo? siempre atareada acababa comprando en centros comerciales donde a base de prisas, tickets para cambiar y tarjetazos iba solucionando problemas. Pensaba si, ponía interés en cada regalo que hacía, pero ni punto de comparación al día de hoy..claro que le estaba dedicando toda la jornada y eso no siempre podía conseguirlo.
Una agradable voz le sacó de su ensimismamiento ético con el pequeño comercio, y ella procedió a contarle entre feliz y algo avergonzada el por qué y el para quién, los pasos que había dado, necesitaba, sobre todo, que esa dependiente que tanto sabía y que le esuchaba interesado supiera cuál era la importancia de ese regalo.
Finalmente había acertado con sus pesquisas y salió de la tienda con una bonita sonrisa, satisfecha, el regalo lo enviarían ellos, eso le dejaba un poco huérfana pero entusiasmada. La tarjeta la había escrito alli mismo, sobre el mostrador. El vendedor discretamente se había distraido sin necesidad en otras cosas para que ella tuviera la intimidad de hilvanar con su letra algo confusa y deformada esa frase con la que quería que sintiera algo parecido a la felicidad.


EPILOGO.- Seguramente en un mundo normal, el regalo no le hizo ilusión, a lo mejor lo agradeció y nunca le hizo más caso que para quitarle el polvo o moverlo de lugar....pero a veces es más bonito que el mundo fuera el que soñamos...Aún asi la belleza de los finales abiertos hacen que puedan darse cualquiera de los imaginables y así el texto entra en el prisma de los colores como luz blanca, y sólo es cuestión de elegir...


miércoles, 17 de octubre de 2012

NOTORIEDAD A CUALQUIER PRECIO

Es bien sabido que las folclóricas del blanco y negro y el tecnicolor solían decir: "que hablen de mi, aunque sea mal, pero que hablen" y si no hablaban, ya hacían ellas, una contra otras, porque se diera la conversación. 
Hemos llegado pasito a pasito a una sociedad donde los egos necesitan ser alimentados a base de notoriedad.
Supongo, y es una opinión personalísima, que desde siempre el hombre, entendido como concepto y no como ente masculino que luego vienen las quejas de los lenguajes sexistas, ha querido ser alguien importante. Entiendo que se buscaba ser la mujer más bella del reino, el guerrero más aguerrido, la doncella más virginal, el caballero más noble, la señora más elegante y si me apuran, la meretriz más famosa.
Siempre destacar entre la multitud.
En esos siglos tan anteriores, se buscaban valores más o menos heróicos, pero siempre nobles, por ejemplo, Quevedo y Góngora bien que se tiraban de los pelos por ser lo más afamados literatos de la época, sin necesidad de demostrar su habilidad con la espada. Destacar por el valor, por la piedad, por la nobleza, por la literatura, por la caballerosidad... ¡Qué lujo comparado con los grandes héroes de hoy!
Hoy la portada de un diario deportivo puede ser sobre el peinado de un futbolista, el mundo puede pararse por si se opera o no se opera una chica inculta que tuvo una hija con un señor que era conocido pero no un gran figura en su trabajo pero que tenía muchas novias y por supuesto, a lo folclórico, vendes más cuanto más basura eches sobre otra persona, sea cierto o no, que no estamos para detallitos...
Pero bajando escalones en la pirámide de la popularidad nos encontramos con lo que alguna periodista definiría como el experimento sociológico que son las redes sociales. Llama la atención como personas de apariencia normal y relativamente usuales, se transforman hasta niveles insospechados por ser quien tenga más amigos o seguidores, quien más veces le comenten una foto o le alaban una publicación. Algunos, en un acto de dicotómica personalidad te dicen que en realidad le da igual lo que digan de ellos, o el caso que le hagan que lo que hace es volcar sus sentimientos, sus vivencias o lo que toque, pero hay un sector noble y casi infantil que puede llegar a comentar "es que yo quiero que me hagan caso" ¿Qué hay detrás de todo esto? Yo no soy psicóloga, ni psiquiatra y ni siquiera quisiera ser una "coach de vida" que dicen los realitys mal traducidos, no llego ni a echadora de cartas, pero me da que ese afán de notoriedad tiene un trasfondo de falta de algo...no se sí de personalidad, de cariño...no lo sé, pero el problema es el precio y no tengo claro si siempre compensa.