martes, 6 de mayo de 2014

DON HILARIÓN Y EL CONTESTADOR

Los tiempos adelantan que es una barbaridad, decía Don Hilarión en la Verbena de la Paloma. Don Hilarión, ese personaje tan castizo que era un listo, se sorprendía de los avances. No quiero ni pensar qué asombro tendría a día de hoy. Me lo imagino, iPhone en mano, a tan "apuesto" galán dedicándose a buscar entre los perfiles de las redes sociales "cuál de las dos les gusta más". No sé que pensarían la morena y la rubia, por mucho que fueran hijas del pueblo Madrid, de los mensajes privados que Don Hilarión escribiría. Me queda la duda de si ellas tendrían twitter, supongo que sí, y decidido esto, si serían educadas y glamurosas  sin faltas de ortografía, o si pertenecerían al chonismo absoluto, el de las de selfies con morritos. Reconozco que aunque vestidas de chulapas no acierto a definirlas, las colocaría en el segundo grupo. Igual lo mío es pura maldad.
Seguro que don Hilarión tendría en su perfil una foto de Fassbender.
Aunque no lo parezca, yo sólo quería sorprenderme de lo rápido que evolucionan las cosas, y Don Hilarión se ha interpuesto en mi camino -algo querrá, igual ha visto mi cuenta de Twitter-.
Hoy en día, retomo la idea primigenia, la de que estamos avanzados, es fácil acceder a nuestra cuenta del banco de manera on line, unas claves (larguísimas), un entorno seguro y puedes realizar cualquier tipo de operación o de consulta. No sé si recordaréis, hace unos quince años, (que no es tanto tiempo), cuando la consulta se hacía de manera telefónica. La marcación te identificaba y una voz metálica y desagradable te daba acceso a unas operaciones muy limitadas, nada que ver con lo de hoy en día. En ocasiones la marcación no iba y entonces se suponía que te reconocía por la voz.  Había que cantar números principalmente. Nada complicado.
La centralita de La Caixa y yo sabemos la de rato que hemos estado juntas. Esa máquina fue mi mejor amiga. Hubo un tiempo en el que hablábamos tanto, (ella me decía "no le he comprendido, repita por favor"), que estuve a punto de hacerla madrina de mi hija mayor.
Parece ser que pese a que mi acento no es excesivamente andaluz y que me esforzaba en pronunciar todas las eses, ces y zetas, aunque no me comía ni aspiraba ninguna letra, sabiendo que mi dicción no tenía que envidiar a los vallisoletanos, no conseguía que me entendiera. Acabé pensando que era una conspiración digna de Cuarto Milenio, un complot por el que querían que los que marcábamos con prefijo de fuera de Cataluña, nos sintiéramos mal y la llamada al 902 se eternizara para aumentar su beneficio...Pensé que era una estrategia para sentirse superiores frente a los que pasábamos minutos creyendo que no sabíamos ni hablar.
Menos mal que les dio por avanzar y por fin me vi libre de la conversación con aquella que yo pensaba que era mi amiga, pero que en realidad me estaba utilizando, usándome para conseguir sus intereses. Ahora sólo tecleo y a veces repito los números en voz alta para darme el gusto. Lo que no tengo tan claro es si Don Hilarión tiene Twitter, por si acaso, voy a mirar...
 

lunes, 5 de mayo de 2014

INSOMNIO Y COLORES

La noche del pánico fue la que vino después de la noche de los suspiros. Si había que ponerle nombre al insomnio es mejor que sean literarios y hasta grandilocuentes. Es la opción de vestir de importancia el común trastorno del sueño. También es cierto que al denominarlas así, se clarificaba de perfectamente lo que sucedió en esas horas de oscuridad.
Cuando llegan esos días en los que los ojos se niegan a cerrarse, y que cuando se cierran, están más abiertos que nunca, las noches son ésas donde la cama se vuelve enemiga, la almohada un saco de arena de los que sirven para entrenarse en el gimnasio y las horas eternas.
La primera noche fue la de los suspiros, la presión en el pecho buscaba un escape, temblaba el aire en los pulmones como tiritando, y se iban hilvanando sin parar y casi sin descanso. Se podría decir que salía más aire del que entraba, a penas podía inspirar. Las lágrimas no salían a borbotones y sólo la pequeña humedad que el lacrimal iba destilando como si fueran gotas de oro, empapaban levemente las pestañas.
La segunda noche fue la del pánico. Se acababa el tiempo. Había tomado la decisión de esperar, y eso conllevaba estas dos noches de ansiedad, pero tras asumir que pronto habría que coger el toro por los cuernos y que desde ese mismo instante, tendría que aceptar lo que viniera, ya no quedaba la opción del suspiro, ya sólo había que intentar contener los nervios. Tarea inútil. Imposible. Sin dormir, sin haber descansado, con la cabeza sin parar de girar como una noria, agotada mentalmente y el cuerpo incapaz de rendirse, con la tensión manteniéndole en pie.
Pero llegó el sol acariciando la piel desde muy temprano y se echó a reír. Ni un segundo más de angustia. No esperaría más. Se acabó el drama. No se iba a permitir caer, ni siquiera tropezar. Era un paso atrás, tampoco iba a engañarse, pero cualquiera sabría a donde le llevaba ese camino, a lo mejor era lo que necesitaba. Ya había tenido duelo suficiente. El mundo seguía girando y no era cuestión de que pasara la vida en un lamento.
Era el día de pintar de colores el gris...

domingo, 4 de mayo de 2014

EXCUSAS

He empezado este post varias veces hoy.
He borrado y descartado unos siete comienzos y habré post puesto unas doce ideas. He mirado la libreta y no he sido capaz de seguir las notas que cojo durante todo el día, en cualquier momento, por extraña que sea la idea y absurdo que sea el instante -me he llegado a salir de la ducha chorreando agua-.
He intentado contar un cuento, algo alegórico, feliz y positivo, lleno de moralejas escondidas, de fe en el ser humano, de alegría de vivir. Intenté ponerme a hablar del día de la madre, de si se echan de menos cuando no están, si a veces somos capaces de entender a las nuestras y si eso cambia cuando eres tú la madre, si es un día más o si en el fondo hay que darle todo el bombo que una madre se merece, aunque se le quiera todo el año.
Me puse a escribir de las noches en las que sueño no viene, como me ha pasado a mi esta oscuridad pasada, y de los días en los que las risas son el anticipo de las lágrimas. He querido contar hasta que punto a veces las redes sociales son mágicas, y por qué hay personas que nunca fallan. Empecé a escribir del orden cosmológico de las personas: el escalafón social, y de los pantalones de flores.
Pero lamento decir que no he sido capaz. No consigo hilar ideas que estén al nivel que deberían, ni me veo capaz de plasmar toda la emoción que tengo hoy aprisionando la caja torácica. La lista de todos los sentimientos que se me agolpan es tan larga que creo que es lo que me tiene bloqueada de cuerpo, alma y mente.
Seguro que me estoy dando demasiado tiempo para oírme y me estoy excusando públicamente de por qué hoy no soy capaz de escribir. Ambas cosas no dicen nada bueno de mí, pero como excusa -otra vez- a lo primero, diré que soy muy poco de compadecerme y escucharme, le pongo fecha de caducidad a los dramas que me arrinconan y no me dejo llevar por la angustia más de unas horas (es que todavía no han pasado). Respecto a lo segundo, no tengo excusa para mi falta de concreción mental, me enfada y me desconcierta que las pequeñas grandes cosas puedan conmigo hasta el punto de no poder cumplir con una obligación que no es tal. Romperé una lanza en favor de mí misma, si es que se puede hacer eso, diciendo que aquí estoy dando la cara por ser tan poco capaz de sobreponerme al cóctel de emociones. No me doy mucho tiempo más, pero pido perdón por no estar aquí contando una historia, un cuento, una vivencia, una tradición.
Mañana ya no habrá más excusas, prometo que no tendré más presión, perdonadme la debilidad.
Sé que sois buenas personas, gracias de antemano.